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Mi Cosmos (L.Erick Palafox)


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Mi Cosmos, Universo Infinito

Erick Palafox

Tan larga es la vida que cabe en un puño, y podemos venderla por un trasto de monedas, la verdad es tan barata que tiene el costo de dos mil mentiras vociferadas por un dragón, ni más ni menos; y ponerle precio a cualquier virtud seria tan fácil como saber cuanto vale el mas preciado tesoro.
Y cuestionándome sobre el precio de mi vida comencé a viajar de estrella en estrella para poder encontrar al mejor postor. La luna con su incansable caminar me ofreció dos eternidades de eclipses luminosos, pero no me convenció, y seguí buscando; y me encontré un rió de rocas, que parecían duendes diminutos de eterna alegría, los cuales me ofrecieron el tesoro de sabiduría que estaba al final del arcoiris de Saturno, pero no me convencieron; seguí caminando en sentido contrario, y me atreví a entrar a la casa del dios de la guerra, y le ofrecí mi vida a lo cual me propuso entregarme a la más hermosa de sus ninfas que habitaban el rió rojo que envuelve su palacio, y no me convenció; y me subí en el haz de luz que sigue a un cometa y este me paseo por todo el universo, pero nadie logro convencerme de que le entregara la vida y regrese contento de todo lo que podía conseguir con lo que tenia en la palma de mi puño.
Y empalmando mis dos manos sobre mi nuca acerque mi cara a mi ombligo, centro espiritual que nos une al recuerdo maternal, para poder buscar en mi cosmos. Y se corrió la cortina de mi verdad, y dando brincos por mi bastón óseo, llegue al estomago, cuna energética que me mantiene vivo, y ofreció un manjar de deliciosos pecados glutinarios, algo que me tentó a detenerme, pero en lo hondo de mi ser una voz murmuro mi deseo, y me condujo al cerebro, motor incólume de las mas vastas ideas y que me sedujo con un baúl de inusitada brillantez y de sedas finas de ensueño hechas por el gusano travieso de la imaginación, pero algo me obligo a desistir y saltar hacia los pies, primos cercanos de la tierra de la que somos herederos, y voceros románticos de la voz de la naturaleza, quienes me trataron como rey, llevándome en sus hombros, me prometieron regalarme la mas apetecible pereza, que se desvirtuó, porque los brazos como dos grandes colosos me arrancaron de un golpe de lo placentero de mi descanso y me acomodaron en su cárcel de dedos y me amenazaron con su poder fiero como dos martillos de roca, para que les entregara lo que guardaba en mi puño, pero al abrir un poco el puño, la luz infinita emanada de la vida que era mía, cegó sus nudillos egoístas y esta me transporto al mas bello rincón que puede tener el ser humano, un lugar que puede ser a la vez tan inmenso para albergar todos los recuerdos, pero que es tan frágil que una sola palabra puede romperlo en mil pedazos, me acerque con cautelosa mirada a este órgano que me producía el mas incomprensible sentimiento que me helo las piernas y llegue a su centro y me encontré con un personaje curioso, era enano con apariencia de niño y que amablemente abrió mi puño y retiro mi preciado tesoro, y desconcertado me digne a hablar, pero antes de que saliera cualquier palabra de mi boca este infante me respondió, que por mi preciado tesoro no podía mas que dar dolor, sufrimiento, crueldad, y otros males peores, pero que si lo alimentaba con algo tan complicadamente simple como es el amor, el cambiaria estos sentimientos por felicidad, pasión, ternura, y demás virtudes, y ante mi ceño indignante de duda, volvió a hablar para decir que mi vida no era mía sino que era un regalo que debía dejar en prenda para que no dejara de alimentar mi corazón.
Descubrí entonces que la diferencia entre el universo exterior y el interior, radica en lo que podemos guardar en él, así que en uno podemos guardar cosas materiales y es infinito, y en el otro cosas espirituales pero tiene un a eternidad terminal y su fin comienza en el momento en que dejamos de creer en él, por eso lo alimentare para no desencadenar una hambruna en el alma que culmine en la aparición de males peores a los encarnados en el mismo infierno.
Y salí de ahí con un desconcierto peor al que sienten los condenados a muerte cuando les perdonan la vida, y decidí alimentar mi corazón porque cuando lo entregue estaré conciente de que con él entrego la vida.

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